Como hoy no lavo los platos ni limpio el baño...

Desde buena hasta tierna, te puede pasar de todo. Más si sos boluda en el medio. Les voy a escribir de mi vida y de mis epifanías literarias. Nada tiene sentido

martes, 5 de febrero de 2013

Fobias

Creo que caí en la cuenta de que tengo un par de fobias. Yo, la que me pavoneaba de no tenerle miedo más que al fracaso, hoy me veo con taquicardia al cruzarme un renacuajo, con ataques de ansiedad al salir a la calle... no sé si es la edad o es que estoy muy al pedo y empiezo a generarme patologías como para no aburrirme. Hace ya unas semanas, viajé a Capital Federal, donde viví dos años más o menos buenos, y regresé luego a mi pueblo sin entender la razón por un largo tiempo... Ahora la capté. Fobia. Odio la gente. Gente que no conozco, gente que me parece rara, gente que me mira, gente que me saluda o quiere entablar una conversación.Le tengo pánico. Me di cuenta de esto ya que tuve que tomar un colectivo, o como le dicen allá "bondi", y empecé a hiperventilar al momento de estirar el brazo para pararlo. Subí y como buena campesina, me jacté de no tener SUBE y estuve aproximadamente media hora metiendo moneditas en la máquina. Peor, porque sentía que los ojos fusilantes de todos los pasajeros estaban analizándome para averiguar qué especie de ser humano era. Luego me senté, de cara al resto del colectivo, lo cual fue mala idea porque en cuanto me da fobia la gente empiezo a generar historias sobre la vida de cada uno para sentirlos un poco más humanos (?). Así que estuve todo el viaje (una hora, UNA PUTA HORA) deduciendo por qué una morocha con encías enormes y vestido gris que denotaba su ropa interior,se quejaba de sus clases de canto, y la imaginé en una ópera, con un vestido como los de "Lo que el viento se llevó", puteando a los directores cual diva de teatro. Ésa fue la primera, después de un rato empecé a hacer estadísticas, vieron que siempre hay estadísticas para todo? Como si cada uno de nuestros movimientos fuese pautado y regulado... Estadísticas sobre cuántos allí tenían una relación, sobre cuántos se habían lavado la cabeza, sobre cuántos trabajaban, sobre cuántos tenían una vida doble... hasta que mi cerebro me flashó (perdón por el término pero es el más exacto) y me hizo pensar en cuántos asesinos podría haber en ese colectivo. Porque nunca escuché una estadística de ese tipo, ni siquiera de cuántos de cada 10 tenían patologías psiquiátricas que los llevaran a cometer un crimen. No les puedo explicar la cantidad de tiempo que estuve calculando al peor estilo de principio y mitad del siglo XX ,según rasgos físicos, quiénes y quiénes no eran asesinos. La gota gorda me bañaba todo el cuerpo. Para peor, me encontré con miradas, gestos y poses completamente sospechosas, y empecé a inventar historias, hasta de los posibles lugares donde habían escondido cuerpos y decidí bajarme 5 cuadras antes de la parada para enfrentar la ola humana de desesperación que circula en la calle... Definitivamente no planeo viajar más en "bondi", por lo menos no sola...

martes, 20 de noviembre de 2012

Síndrome de Lisa

Algo me pasó hace dos fines de semana, algo que no entendía en el resto de las personas y que ahora si comprendo y adhiero. Formé parte de la adorada celebración de la coronación en la cadena alimenticia siendo invitada a comer un lechón asado en la casa de una familia amiga. Cabe destacar que nunca fui fanática de la carne, no comía casi carnes rojas a menos que estén bien condimentadas como para tapar el gusto, odio el pescado y sólo comía pollo porque era casi lo más sano de ingerir. El caso es que llegué a este lugar, adornado con la emoción machista de asar a un animal, sacarle fotos, pincharlo... y mi cerebro hizo un gran click. Lo vi, pobrecito, calcinado, con la boca abierta demostrando el esfuerzo hecho en sus últimos minutos de vida por emitir un grito súbito, o exhalar el último suspiro, y no tuve compasión. No tuve compasión por el ser humano desde ya, porque no encontré razón por la que un ser vivo debiera ser asesinado para terminar en el estómago de un par de barrigones borrachos. Y esa imagen, de su cabeza cortada, quemada, sus ojos abiertos me quedó en la cabeza hasta el día de hoy. No entiendo, ¿cómo una persona puede ver el gesto de algo morirse, más que de su propia alma? Algo que en ningún modo le pertenece, algo que nunca lo afectó, nunca lo hirió ni lo molestó ni impidió su supervivencia... Yo sé que si estoy desolada en una isla probablemente me coma a Jhonny Deep,así como personas en África deben comer lo primero que se les cruce, pero no estoy así, me sobra la comida y no quiero ser superior a ninguna especie sólo por poder comérmela. Bueno, y eso, creo que ahora soy vegetariana. Me la agarraré con las plantas hasta que también considere injusto comerlas y muera de hambre.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Tu sublime sudoración / Tan perlada / Tan etérea y perfumada / De loto y jazmín / Los puñales del sol / Cortaban tu piel y formaban / Cráteres de oro, / Nebulosas ínfimas / En las pupilas de tus ojos / Y en el cabello / Enceguecía el fuego / Que te consumía / Y te veías / Tan perlada / De la sublime sudoración / De lo fugaz.

lunes, 29 de octubre de 2012

La caja se mueve

Salivación exaltada / La caja se mueve / Se arrastra y te traga / El globo ocular suda / De la imagen exótica / De percibir el claroscuro / De tu boca / De ver el suspiro / De tus manos / Cuando bailan la melodía / De tus palabras / Cuando me hablas / A mí, a la caja / Y siento que puedo moverme / Moverme / Y verme moviéndome / Ya no caja, ya no seis caras / Ya sólo un plano frente a tu cara.

domingo, 28 de octubre de 2012

Queridos lectores

Sentirse expuesta para mí no es una buena opción. Desde niña sufrí cuando debía ser el centro de atención, no tanto porque no lo quisiera sino porque nunca supe cómo manejarlo. No quise tener una fiesta por mi cumpleaños de 15 ya que quería pasar desapercibida, nunca me gustó ir a ningún acto patriótico ya que odié siempre portar la bandera y ni que decir que me sacaran fotos, y hoy en día no puedo hablar o decir un chiste frente a más de cinco personas que el volumen de mi voz disminuye a un 5%. ¿Pero qué pasa con la escritura? Inexplicablemente, algo mágico sucede... A veces los chicos, digo los alumnos, no pueden o no quieren entender la importancia de la Lengua y la Literatura. Ellos viven el aquí y el ahora de la materialidad y de lo fugaz, deben expresarse socialmente por medio de espontáneas acciones... parecería que no toleraran la espectacularidad de la escritura, o tal vez nunca llegaron a conocerla. ¿Nunca te sentiste raro, apático, desinteresado, incomprendido? ¿Creíste que no había salida? HE AQUÍ LA SOLUCIÓN A TUS MALES!!! (No, no tenés que rezarle a nadie). La escritura. Que conlleva a la lectura. Y la reflexión , y un montón más de cosas que probablemente no probaste porque estabas ocupado yendo a pilates, a terapia grupal con canes, e incluso probaste el feng shui que te recomendó tu tía esotérica. La escritura, oh dios si existes, QUÉ placer tan precioso. Realmente siento que cada vez que escribo mi personalidad se completa y se fusionan dos almas completamente diferentes, y algo estalla dentro de mí, y a la misma vez florece y evoluciona y todo junto como si pudiese pasar todo al mismo tiempo sin respetar ninguna ley física. Si hay catarsis, es la mejor, si hay confesiones, es más grande que la que nos haga el mismo Benedicto (e incluso más pura)si hay verdades es la cumbre de ella, la pureza del ser se transmite en la escritura. Sé que hay diferentes expresiones como la música, la pintura... pero en mi escala la excelencia está en la escritura: el control, el humor y el sarcasmo, el llanto la desgracia y el placer. Todo junto, y todo nos transmite a otra realidad, que puede ser la misma en la que estamos pero que no percibimos, o si no existe una realidad, es el aquí y el ahora eternos. Por esto, los invito a degustar por ustedes mismos la escritura, sólo deben sentarse con un lápiz en mano, papel, y aunque sea una leve necesidad de expresarse con la cual todos siempre lidiamos.

martes, 23 de octubre de 2012

La caja

La caja, está vacía. Realmente no importa cuántas veces la llenemos con música, al final no puede dejarse ver bailar fuera de las cuatro paredes de cartón que la someten. En la caja retumba el eco de las manías. No puede superar el hecho de que está hecha de cartón, y quiere que la vean de marfil reluciente, de perlado oriente. La caja se mueve, insulsa, por la vida. Es el escudo que no permite el choque de las almas, que no permite a las hebras de oro llenarla de calma, que no deja copular los espíritus y que reprime el sabor indiscutido de la vida. Todo por ser una caja, de cartón coarrugado que con el tiempo se desgasta. Que con los años se tiñe más oscura y deja lugar al verde, el verde de Federico. Que deja, sólo en el último instante en el que sopla la solapa, escapar un melodía que enlaza la eternidad con el resto de las almas.

lunes, 15 de octubre de 2012

Ha pasado un largo tiempo. Se ha creado un gran bache en mi año, dejando cosas atrás y esperando que no me superen aquellas que veo venir por delante. A veces amanezco deseando que termine el día y termino el día deseando que amanezca. Lo que mejor podría caracterizar a este período es la palabra sequía. Sequía emocional, espiritual, sequía imaginativa también. Siento, que en realidad no sé si siento sino que interpreto mis latidos de esta manera, que hay una extensión de mi cuerpo que está soportando toda la pesadez de la rutina. Y yo sólo me dedico a transitar la sequía. Algo que podría interpretarse más fácil en esto sería considerarme como un prototipo tecnológico, sin sentimientos, más allá de que en realidad éstos existan pero estén excluidos y sólo salgan en forma de actitudes agresivas hacia mi entorno. Esto me genera más sequía, porque aquel que no sabe lo que es la aridez del alma no puede comprenderla tan fácilmente. La aridez duele, por más que no sea un síntoma físico de algo, de la soledad y muerte del ser, del desamor y el engaño, del exintencialismo. Se siente como un ardor que sube por el estómago a los pulmones y se queda atascado en el pecho, que está vacío, y allí retumba por días, meses, años... en un eco encendido, un eco vomitivo como parásito que se adapta al cuerpo y nos convierte en imágenes de lo que esperábamos ser, en la sombra del amor que añorábamos, en la espera del tren que nunca tomamos. La aridez y el eco no son lo peor de todo. Cuando podemos reconocerlo, el dolor más aguda se genera en la reconciliación de la soledad y el ser. Ahí el dolor se hace huésped y genera anticuerpos, desde allí, nunca más nos permitirá cambiar, ni avanzar, ni siquiera retroceder... estancados como agua de charco, mirando el cielo, y esperando en la nada a que una estrella caiga y nos destruya.